Ni el Oficio divino ni la Eucaristía agotan la capacidad de orar de los monjes y las monjas.

San Benito, con toda la tradición anterior, propone e impone un camino de oración: la llamada lectio divina, o «lectura de Dios». Nuestra comunidad le dedica una hora entera por la mañana y otra por la tarde.

San Benito, no quiso en modo alguno, que sus monjes fueran analfabetos ni admitió otra simplicidad que la del corazón.

La lectio divina tiene dos aspectos principales. Por una parte, es un estudio atento de la ciencia espiritual, tiende a la formación del monje; por otra parte, es un método de oración, un modo ­seguramente el más acertado y seguro­ de ponerse en comunicación con Dios.

El Señor me habla en la Escritura, que tengo en la manos y leo con infinita veneración, y yo le respondo. Dios me habla aquí y ahora. Conoce mis circunstancias, mis problemas, mis deseos, mis inclinaciones. Dios me conoce a fondo y contesta a mis preguntas, expresas o tácticas.

«Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo» (San Jerónimo)