![]() Recuerda San Benito que «la ociosidad es enemiga del alma». Pero una cosa es la ociosidad o vicio de no trabajar, y otra muy diferente el ocio o cesación del trabajo; y más aún si se toma el vocablo ocio en la acepción de «diversión u ocupación reposada, para descanso de otras tareas. Orar, leer y trabajar son actividad humanas que implican cierto esfuerzo, cierta tensión. Ahora bien, el esfuerzo y la tensión engendran cansancio, y el cansancio exige reposo. San Antonio, el gran padre de los monjes cristianos, decía que el arco siempre estirado acababa por romperse. La discreción benedictina no puede menos de tenerlo en cuenta. Sin embargo, no cabe duda que el descanso psíquico más indicado y más normal para quienes como nosotras formamos una comunidad cristiana es el diálogo, la intercomunicación, el fraterno compartir de todos los días, sobre todo en lo que suele llamarse la recreación. Esta comunión o trato familiar tiene otro valor mucho más subido: hace de las hermanas encuentro de amistad y signo de unidad. |