Después del Oficio divino (oración con los salmos) y la lectio divina (lectura espiritual) es el trabajo el tercer elemento esencial de la vida benedictina. La Santa Regla es muy categórica en este punto: «precisamente, entonces, si viven del trabajo de sus manos, como nuestros padres y los apóstoles es cuando serán verdaderamente monjes».

Cada comunidad tiene su plan laboral, acorde con sus posibilidades y habilidades. Nadie en el monasterio se considera «jubilada (o)». Los monjes y las monjas contribuyeron y siguen contribuyendo a la realización de la vida mediante el trabajo intelectual, artístico, artesanal y agrícola.

Nuestra labor en Pozos de Santa Ana (Costa Rica), está concretamente vinculado a las artes gráficas. Desarrollamos un trabajo comunitario: levantado y diagramación del periódico católico de la Iglesia en Costa Rica: «ECO CATOLICO». También la hojita que contiene las lecturas de la celebración eucarística de los domingos de todo el año: «LA ASAMBLEA».

Otro tipo de trabajo que realizamos consiste en la confección de Ornamentos litúrgicos: Alba casulla, estolas, casullas bordadas, capa pluvial, corporales, purificadores, palias, mantel de altar y palios para 4 ó 6 varas.

En el trabajo participamos todas las hermanas desde las mayores a las más jóvenes, con interés, responsabilidad y espíritu de equipo: puede considerarse como una colaboración a la difusión de la «buena noticia», a la vez que ayuda a la promoción cultural de las monjas.

Gracias a nuestro trabajo de todos los días, participamos en la condición trabajadora de la gran familia humana, aseguramos la subsistencia de la comunidad, prestamos un servicio a nuestros hermanos, podemos socorrer a los más necesitados y, por último colaboramos al desarrollo y perfeccionamiento de la creación.

Así entre la oración y el trabajo hecho alabanza,
la monja benedictina realiza su vocación