TEMA
# 2
EL CARISMA DE LAS RELIGIOSAS FRANCISCANAS DE MARIA INMACULADA
TEMA # 1
EL CARISMA DE LAS RELIGIOSAS DE MARIA INMACULADA
EL CARISMA DE LAS RELIGIOSAS FRANCISCANAS DE MARIA INMACULADA
"Nuestro carisma es un don del Espíritu para
vivir y anunciar el Evangelio, como Hermanas menores, en permanente
disponibilidad a la Voluntad de Dios, insertas en un mundo necesitado".
Desglosando un tanto estos elementos del carisma, tenemos una
serie de conceptos que nos recuerdan la profundidad y significación
del mismo.
Veamos:
Nuestro Carisma es un Don del Espíritu
El carisma es un don del Espíritu Santo. Es fundamental
esta consideración. Todo es gracia, todo es don. El carisma
es fruto de la inspiración profética de todo fundador
de una congregación o instituto -participación
del don profético de Cristo- bajo la moción del
Espíritu Santo. La inspiración profética
permite al fundador alcanzar un particular conocimiento de la
misión que Dios le ha confiado, transmisible a quienes
por vocación se serán miembros del instituto o
Congregación.
Dentro de la misión que conlleva el carisma. "el
fundador descubre ciertas virtualidades permanentes de la Iglesia,
las cuales, aunque manifestadas con ocasión de una determinada
coyuntura histórica, habrán de ser explicitadas
a lo largo del tiempo por la misma congregación o instituto
en el servicio a la salvación y santificación de
los hombres, cooperando así a que la Iglesia vaya alcanzando
su plenitud (Ef. 4,1 I). Es esto, sobre todo, lo que otorga vigente
perennidad a una congregación. Por lo tanto, el carisma
de una congregación o instituto esta sujeto a desarrollo
histórico, a explicitación en el tiempo, en razón
del desenvolvimiento progresivo que la comunidad humana alcanza
dentro de la Iglesia".
Vivir y Anunciar el Evangelio
Jesucristo, enviado por el Padre para anunciar la Buena Nueva,
nos ha enviado: "Como el Padre me envió también
yo os envío." Jn 20,21. La misión es implícita
a la vida consagrada. Por lo tanto, vivir y anunciar el Evangelio
es imperativo. No podemos rehuir esa obligación, como
lo es para todo bautizado.
Capítulo I
La Madre Caridad y las primeras Hermanas aceptaron ese Envío
y no tuvieron otra mira en su misión que la 'extensión
deI Reino', es decir, hacer que el nombre de Dios fuera conocido
y amado en todos los lugares hacia donde extendieran su misión.
La primera y principal forma de evangelización que inculcaba
Madre Caridad era el testimonio, "proclamación silenciosa
del Reino de Dios". Luego, su celo apostólico no
conocía fronteras ni dificultades. Era intrépida,
audaz, valiente, generosa, sin dilaciones. Y sobre ese ardor,
ese elemento del carisma en Madre Caridad, transmisible a cada
miembro de la Congregación, hemos de interrogamos si lo
hemos asumido, y si se ha mantenida la perdurabilidad del mismo
don carismático. A través de la vivencia apostólica
de las Obras que hemos abierto y trabajado a lo largo de 109
años de existencia, podremos tener una respuesta.
Como Hermanas Menores
Es parte de nuestra particularidad en cuanto al carisma. Vivir
y anunciar el Evangelio como Hermanas menores tiene la connotación
propia de nuestra raíz franciscana heredada de Francisco
de Asís:
"El menor se somete a todo, busca siempre el ultimo puesto,
trata de emplearse en oficios que lleven alguna apariencia de
deshonra, a fin de merecer, fundamentando así en la verdadera
humildad, que en él se levante en orden perfecto el edificio
espiritual de todas las virtudes. Y sobre el fundamento de la
constancia se erige la noble construcción de la caridad,
en que las piedras vivas, reunidas de todas las partes del mundo,
forman el templo del Espíritu Santo". (1 Cel 38)
.
Francisco querrá que sus frailes se llamen menores, precisamente,
para que no aspiren a hacerse mayores. Su vocación les
enseña a estar en lo llano y a seguir las huellas de la
humildad de Cristo, para tener al fin lugar más elevado
que otros en el premio de los santos. Y Francisco:
"Pedía al Padre que no les permitiese de ningún
modo acceder a prelacías, para que no fuesen mas soberbios
cuanto mas pobres sean y se insolenten contra los demás".
Se trata, en otras palabras que el hermano menor busque siempre
el último lugar, el que nuestro Señor Jesucristo
tomó para sí. Se trata de mantener el carácter
de "minoridad" como una mezcla de pobreza, mansedumbre
y humildad, en medio de los más pequeños, sin poder
ni privilegios; descubrir la propia pequeñez y la total
dependencia respecto a Dios, fuente de todo bien, y respecto
a los hermanos; vivir "como peregrinos y extranjeros en
este mundo sirviendo al Señor en pobreza y humildad, tal
es la condición de los hermanos menores.
Esta 'minoridad', primera fuente, dará un primer fruto:
la fraternidad en la cual los hermanos se escucharan mutuamente,
convencidos de que tienen mucho que recibir de su hermano. Dialogarán
pacíficamente, sabiendo que nadie posee la verdad, sobre
todo las verdades contingentes, sino que todos son servidores
de la misma. Se comunicaran unos a otros las propias necesidades,
sin amor propio ni sonrojo. No se arrogarán la misión
de líder sino que se aplicarán juntos y al mismo
paso a seguir a Jesucristo en la obediencia.
Por otra parte, recordando el Evangelio:
"Todo el que quiera hacerse mayor entre ellos, sea su ministro
y siervo, y el que es mayor entre ellos, hágase el menor.
Y ningún hermano haga mal o hable mal al otro,. sino,
más bien, por la caridad del espíritu, sírvanse
y obedézcanse unos a otros de buen grado. Esta es la verdadera
y santa obediencia de nuestro Señor Jesucristo.
Esta es la segunda fuente o fruto que alimenta la minoridad:
la humildad, la obediencia mutua.
La tercera fuente la pobreza. Los hermanos menores den ante el
mundo testimonio Cristo pobre y humilde. El amor de Cristo, que
se hizo pobre en este mundo por nosotros, es el que nos hace
ser pobres. El hermano menor, con su vida verdaderamente pobre,
individualmente y en fraternidad, en el uso de los bienes, el
trabajo, la alegría y la acción de gracias, ha
de recibir todo como don de Dios.
Madre Caridad, quien bebió su espiritualidad de las genuinas
fuentes franciscanas, formaba a sus hijas en las líneas
de la pobreza, de la sencillez, de la obediencia, de la humildad,
de sinceridad, de la fraternidad, en otras palabras, en las auténticas
fuentes de 'la minoridad'.
Restaba aplicar todo ello a la misión, a la evangelización,
en cualquier obra: entre indígenas, campesinos o con adinerados,
la actitud debía ser la misma, de humildad, de hermandad,
de pobreza, de sencillez y, ante todo de reconocimiento de que
todo es don de Dios. ¡A El la gloria y el honor por siempre!
En otras palabras, Madre Caridad inculcaba, en la práctica,
una vida en minoridad: actitud de vida que penetre la mente,
el corazón, en dinámica de bondad, en relación
de igualdad, de acogida, de servicio, de alegría, de confianza,
de gratuidad, porque el espíritu del "menor",
de "la menor" brota de dos fuentes: del Hijo de Dios
que se encarna y asume la pobreza y la cruz, y porque "Dios
puso su tienda en medio de su pueblo."
Sus palabras confirman su vida en minoridad:
"Quiero ser olvidada, quiero imitar a Cristo que vivió
en esta tierra coma otro hombre, quiero trabajar un tiempo y
luego desaparecer."
Y este fue un legado carismático a la Congregación
que Dios le asignó que fundara.
En Permanente Disponibilidad a la Voluntad
de Dios
El carisma franciscano tiene un solo derrotero: Estar disponible
para atender las necesidades de la Iglesia. Francisco no tiene
sino un solo norte: Dios, y, por ende, la Iglesia. Es el carisma
fundacional de Francisco. Y Madre Caridad recogió ese
legado: lo que Dios quiere, cuando, El quiere, como El quiere.
Y, en comunión con la Iglesia.
Por eso, el amor de Madre Caridad a la Iglesia y a los sacerdotes,
tendrá sello indeleble. Siempre lo encareció: respeto
y veneración por los sacerdotes. Y todo, porque ellos
son los ministros de la Iglesia, que consagran el Cuerpo y Sangre
del Señor, como también dirá Francisco de
Asís.
Por lo expuesto, tiene 1ógica que, la más reconocida
de las habituales frases de Madre Caridad era: Todo por amor
a Dios y como El lo quiere ".
Es frase lapidaria que recoge el espíritu de reconocimiento
al Dios de la Vida, al Dios de la Esperanza, al Dios del Amor.
No existe otro móvil en Madre Caridad sino Dios. Y estará
atenta a su voluntad hasta en los más mínimos detalles.
Y, ¿cuál era la inspiración para su amor
y obediencia a Dios? Sera el amor eucarístico. Tal como
muchas veces se la oyó decir frente al Sagrario, y que
consta en la Positio:
Si, Señor, así lo haré, como tú quieres.
Y así descubría la voluntad de Dios, como también
la descubría a través de la Iglesia y de sus ministros.
Cuanto dijera la Iglesia era para ella voluntad de Dios. Y, por
reconocerlo así, amaba las disposiciones de la Iglesia
y las acataba.
Insertas en un Mundo Necesitado
Tan pronto Madre Caridad inicia las fundaciones queda marcado
el derrotero que le interesaba: el mundo de los pobres, el mundo
de los abandonados: Santiago (1904 ), Sibundoy (1910), Puerto
Asís (1914), en las difíciles áreas del
Putumayo colombiano, darán cuenta de ello. De igual manera,
la evangelización entre los indígenas de Narganá,
San Blas (hoy día, Kuna Yala), en el norte panameño,
iniciada en 1928. Y, en su gran mayoría, las fundaciones
fueron entre gente humilde que ansiaba la formación en
la vida cristiana.
Era parte de nuestro patrimonio, tal como se lee en las Constituciones:
La vivencia de la pobreza no sólo en el estilo de vida
sino compartiendo y dando respuestas efectivas a la situación
del pobre.
Otro tanto se dirá al referirse a las exigencias del mundo
de hoy:
Asumir con humildad la realidad de los pobres.
Concientes de estas exigencias de nuestro carisma, nuestra Provincia
del Inmaculado Corazón de María hace ya varios
años que ha tornado la decisión de no iniciar nuevas
fundaciones sino en áreas de inserción. Ha sido
Determinación Capitular, y en esto hemos sido coherentes.
Toda nueva fundación se ha dado en áreas sumamente
pobres, en tierra de "los descalzos", carentes, a veces,
basta de lo más elemental para vivir, como lo es el agua.
Será, pues, tarea ardua, pero exigida, el confrontar nuestras
Obras con el carisma legado que nos donó Dios en la persona
de Mutter Charitas. Con esta Memoria Histórica podemos
hacer el ejercicio. Las Conclusiones finales de la misma, en
espíritu de examen, darán la respuesta acertada.
Sea Nuestra Señora la Acompañante de la revisión.
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TEMA
# 1
REFUNDACION DE LAS RELIGIOSAS FRANCISCANAS DE MARIA INMACULADA
En vista de los actuales cambios que va exigiendo el cambio
en la vida religiosa, no solo de milenio sino de época,
y de acuerdo a las nuevas exigencias del ser religiosa hoy, nuestra
Congregación viene siguiendo un proceso de refundación,
en el que buscarnos con humildad retomar la inspiración
primera que movió a nuestros fundadores a crear la Institución
para el servicio a la Iglesia, pero poniéndola a la altura
de las exigencias de hoy.
Es un proceso que nos ha llevado a asumir con valentía
los nuevos paradigmas de la Vida Religiosa, en donde el Evangelio
nos grita desde sus entrañas que miremos las actitudes
de Jesús de Nazareth, y como en otros tiempos lo hiciera
la Madre Caridad, nuestra Fundadora, hoy nosotras retomemos su
espíritu profético, decidido y valiente y como
ella nos comprometamos a hacer nuevas todas las cosas, para que
a ejemplo de Francisco, el Evangelio sea pregonado sin palabras,
solo con nuestra vida.
Este proceso nos ha llevado a escuchar los gritos de angustia
y sufrimiento de los predilectos de Jesús y por la misma
raz6n, dentro del proceso tuvimos la etapa del estudio de obras,
con la que buscamos actualizar las que no estuvieran respondiendo
a las exigencias de hoy ; reubicar las que no fueran necesarias
en el lugar actual y a cerrar las que ya no respondieran a necesidades
evangélicas del momento presente, así como también
a abrir otras allí donde los signos de los tiempos nos
indicaron urgentes necesidades. Pero lo mas importante de este
proceso, es el camino que solo hemos emprendido, en donde nos
empeñamos en lograr los cambios personales que nos lleven
a la verdadera conversión.
Jesús sigue llamándonos a seguirle en pobreza a
despojarnos de seguridades, acorrer el riesgo del sin propio,
como viven hoy sus predilectos, los pobres de este globo terráqueo.
Es lo que en la actualidad nos anima y nos mueve: vivir la espiritualidad
del Evangelio como la vivió Francisco de Asís.
Acogiendo a todos como a sus hermanos, defendiendo la vida en
todas sus expresiones, construyendo juntas un mundo de paz, de
justicia, de respeto y de amor en donde el llamado de Jesús
se haga realidad en la práctica de la Fraternidad.
Por el mismo proceso que venimos siguiendo en la lucha por refundar
nuestra Congregación, hemos hecho todo un trabajo de reenfoque
de obras, impulsando y promoviendo una nueva forma de ser y vivir
nuestra Consagración. Trabajo que nos ha llevado a revisar
desde los planes de formación hasta los programas de la
Tercera Edad, convencidas de que le servimos al Señor,
desde el inicio de nuestra llamada hasta el atardecer de nuestra
vida.
Queremos con todo ello, vivir en simplicidad la misericordia
de Jesús, como la mejor receta para sanar las heridas
y sufrimientos de todos aquellos con los que trabajamos y a los
que les servimos, sirviendo en ellos al mismo Jesús. En
el mundo donde es palpable la lucha destructora por el poder,
el tener y el placer, nosotras, Franciscanas de Maria Inmaculada,
con Cristo, Maria Inmaculada, Francisco de Asís y Madre
Caridad buscamos ardientemente gritar al mundo que el mandato
de Jesús en el que nos pide: "Ámense los unos
a los otros", es posible porque nos empeñamos en
lograrlo en cada lugar en donde estamos presentes.
Y por eso con Cristo le decimos a todas las Jóvenes: "Vengan
y lo verán"INICIO
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