San José, Costa Rica / domingo, 11de agosto del 2002
EDICION DIGITAL



Desoyendo hasta posibles amenazas para su vida y soportando duras jornadas de viajes y celebraciones, el Papa Juan Pablo II demostró una vez más en su gira por Canadá, Guatemala y México su indoblegable voluntad y su fuerza interior. Siempre con un mensaje de esperanza y fe en América, todas sus intervenciones fueron seguidas por millones de fieles alrededor del mundo, pero también hubo cosas que no se vieron, como la enorme organización que veló por su seguridad en los tres países a los que asistió, esfuerzo vital en el contexto mundial de terrorismo y violencia así como por la endeble salud del Pontífice. En todo caso, el amor por la juventud y los niños fue expresión constante del Papa.

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